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La energía solar como motor para erradicar la pobreza

Muchos de los que estamos leyendo ahora, probablemente estamos acostumbrados a contar con un servicio de energía de manera regular. Pero no es así para todos. En muchas comunidades remotas de América Latina y el Caribe nunca han tenido energía eléctrica. Por eso, la energía tiene que ver mucho con la pobreza.

La falta de acceso a la energía limita también el acceso a otros servicios o electrodomésticos básicos como refrigerador para guardar los alimentos o bombillas para iluminar las viviendas por las noches. Asimismo, puede limitar el desarrollo de negocios. En algunas comunidades han tenido que esperar décadas para poder contar con este servicio. Este es el caso de El Espino, una comunidad rural de Bolivia, donde nunca hubo electricidad.

La vida de Marisela Amayo era diferente cuando no había electricidad en esta comunidad. Marisela, una estudiante adolescente, tenía que utilizar por las noches velas o mecheros para poder realizar sus tareas.

Gracias a un proyecto de electrificación, esta comunidad ahora tiene mayor tranquilidad por las noches. La energía eléctrica impacta en la percepción de seguridad de la comunidad y los niños y jóvenes como Marisela pueden estudiar por la noche. Con el acceso a la electricidad, la historia de miles de niños puede ser diferente. Y su futuro también.

El impacto de la electrificación en la educación rural

Un estudio del BID muestra que la electrificación rural puede tener un impacto en la reducción del abandono escolar en los primeros años de educación. Además, contar con energía eléctrica influye en la disminución del trabajo infantil y, sobre todo, impacta en la reducción del ciclo de pobreza de la población rural.

Este estudio confirma que el acceso a la electricidad impacta en la redistribución de ingresos y en la movilidad social, debido principalmente al impacto en la educación de los estudiantes de zonas vulnerables.

Asegurar el acceso a energías asequibles, fiables, sostenibles y modernas para todos es uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Afortunadamente, América Latina y Caribe ha avanzado significativamente a lo largo de los últimos años en la universalización de la energía eléctrica.

Sin embargo, la región enfrenta el desafío de llegar a las comunidades rurales que están más alejadas de las redes eléctricas. A comienzo de la década de 1990, la mayoría de las poblaciones urbanas ya contaban con este servicio. Sin embargo, el gran avance se dio en las zonas rurales donde la acceso a la electricidad pasó de un 74% en el 2001 a un 93% en 2019 [1]

La necesidad de cerrar las brechas

Actualmente, cerca de 19.05 millones[2] de latinoamericanos no tienen energía eléctrica. Si lo comparáramos con un país, sería el equivalente a un poco más del total de Guatemala (cerca de 18 de millones). En algunos países como Honduras o Haití necesitan cerrar las brechas entre las áreas urbanas y rurales. En Bolivia, por ejemplo, un tercio de la población rural no tenía energía eléctrica en 2017. Estas brechas se han reducido dramáticamente en Bolivia desde 2010, cuando solamente la mitad de los hogares rurales contaban con este servicio.

No obstante, los grandes desafíos aún se encuentran en Haití donde solamente 4 de cada 10 hogares tienen energía eléctrica. De hecho, Haití está por debajo del África Subsahariana donde 45% de la población cuenta con el acceso a este servicio.

La región ha logrado avances significativos en la materia. Sin embargo, aún falta mucho para cerrar estas brechas, especialmente para poder llevar energía a las regiones más dispersas y apartadas de los centros de generación.

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